Sentir miedo ante una amenaza real es normal y sano. Pero hablamos de fobia o de un miedo que te bloquea cuando esa reacción de alarma es desproporcionada, no la puedes controlar y se mantiene en el tiempo, a pesar de que la parte racional de tu cabeza sepa perfectamente que "no pasa nada".
Tener un miedo inmenso no significa que seas una persona cobarde ni débil. Significa que tu sistema de alerta ha asociado por error un lugar, un objeto o una situación con un peligro. Entender esto es el primer paso para poder desaprender esa respuesta y recuperar la tranquilidad.
El problema de los miedos intensos es que, si los evitamos siempre, tienden a hacerse más grandes. A veces, por la presión de los demás, se nos dice que la solución es "echarle valor" y enfrentarnos a ello de golpe. Sin embargo, forzar la situación sin herramientas suele generar mucha más angustia y hacer que el miedo se agarre con más fuerza. Tu cuerpo y tu mente necesitan sentirse seguros de nuevo.