Imagen ilustrativa sobre Duelo

Duelo

Perder a alguien o algo importante desordena por completo tu realidad. Sentir que no sabes cómo continuar no es debilidad, es el impacto lógico de una ausencia que te obliga a reconstruir tu día a día.

El duelo es la respuesta psicológica, física y social absolutamente normal frente a una pérdida. No es una enfermedad ni un trastorno. Sin embargo, puede llegar a complicarse cuando, pasado el tiempo, el dolor se queda tan estancado que te impide volver a vivir, dejándote atrapado o atrapada en la culpa, la negación o el aislamiento.

Perder a un ser querido, una pareja, la salud o un proyecto vital, hace que nuestro mundo se detenga por un momento, mientras parece que el resto de la gente sigue con su rutina. El dolor que sientes es el reflejo natural de lo que esa pérdida significaba para ti.

A menudo, la sociedad no ayuda. Se nos exige "ser fuertes" y pasar página rápido. Aquí también influyen los mandatos de género: a los hombres se les suele presionar para que oculten la tristeza, mientras que muchas mujeres tienden a aparcar su propio dolor para sostener y cuidar al resto de la familia. Al final, evitamos darnos el permiso y el espacio necesario para transitar nuestra propia tristeza.

Mente

  • Sensación de incredulidad.
  • Pensamientos recurrentes sobre la pérdida.
  • Confusión mental o falta de concentración.
  • Culpa, sensación de vacío vital.

Cuerpo

  • Opresión en el pecho o nudo en la garganta.
  • Alteraciones en el sueño y el apetito.
  • Sensación de vacío físico y agotamiento.

Conducta

  • Evitar momentos asociados a la pérdida.
  • Desconexión del entorno.
  • Hiperactividad para no pensar.

¿Cómo se manifiesta?

El duelo no es un camino en línea recta, ni tiene unas fases ordenadas que haya que ir superando, ni un tiempo exacto de duración. A veces crees que ya estás un poco mejor y, de repente, una canción, una fecha en el calendario o un recuerdo te devuelven a la casilla de salida con un dolor muy intenso. Otras veces, no se manifiesta como ganas de llorar, sino como una apatía inmensa, como si el mundo hubiera perdido el sentido.

Intentar forzarse a "estar bien" para no preocupar a los demás suele generar mucho sufrimiento añadido. Cuando intentamos empujar el dolor hacia abajo y hacer como si no pasara nada, este acaba encontrando otras formas de salir:

Sesión de terapia: toma de notas durante el acompañamiento

¿Cómo trabajamos
esto juntas?

Un proceso pensado para ti: primero te escucho, después construimos herramientas prácticas y avanzamos juntas, a tu ritmo.

Primero, te entiendo a ti

Te ofreceré un espacio donde tu dolor sea escuchado de verdad, sin prisas y sin las típicas frases hechas. Entenderemos qué significaba para ti aquello que has perdido, cómo fueron las circunstancias de esa pérdida y con qué apoyos reales cuentas hoy.

Trabajamos de forma práctica

Aunque no hay recetas mágicas para dejar de sentir dolor, la psicología nos da mapas para transitarlo. A través de un enfoque integrador, partiendo de la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) e incorporando herramientas de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), trabajaremos paso a paso. Aprenderemos a aceptar la realidad de la pérdida, daremos espacio a tus emociones sin reprimirlas, y buscaremos formas de adaptarnos a un día a día donde esa pieza ya no está.

El objetivo real

El objetivo nunca es "olvidar" ni hacer como si esa persona o etapa no hubiera existido. Se trata de aprender a integrar esa pérdida en tu historia para que el dolor agudo se vaya suavizando, permitiéndote volver a conectar con la vida y llevar contigo lo que perdiste, pero de una forma que te permita avanzar.

Mensaje de apoyo sobre la ansiedad

¿Te identificas con algo
de lo que has leído?

Dar el primer paso a veces da un poco de vértigo, pero no tienes que hacerlo sola. Escríbeme y charlamos sobre tu situación sin ningún compromiso.

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