El duelo es la respuesta psicológica, física y social absolutamente normal frente a una pérdida. No es una enfermedad ni un trastorno. Sin embargo, puede llegar a complicarse cuando, pasado el tiempo, el dolor se queda tan estancado que te impide volver a vivir, dejándote atrapado o atrapada en la culpa, la negación o el aislamiento.
Perder a un ser querido, una pareja, la salud o un proyecto vital, hace que nuestro mundo se detenga por un momento, mientras parece que el resto de la gente sigue con su rutina. El dolor que sientes es el reflejo natural de lo que esa pérdida significaba para ti.
A menudo, la sociedad no ayuda. Se nos exige "ser fuertes" y pasar página rápido. Aquí también influyen los mandatos de género: a los hombres se les suele presionar para que oculten la tristeza, mientras que muchas mujeres tienden a aparcar su propio dolor para sostener y cuidar al resto de la familia. Al final, evitamos darnos el permiso y el espacio necesario para transitar nuestra propia tristeza.