La dependencia emocional ocurre cuando tu bienestar, tu tranquilidad y hasta tu propia identidad quedan totalmente subordinados a una relación. No es una cuestión de "ser débil", sino que suele nacer de un miedo profundo al abandono o a la soledad.
Es humano y muy saludable necesitar a los demás; somos seres sociales. Sin embargo, cuando el miedo a perder una relación te lleva a abandonar tus propias necesidades, el vínculo se convierte en una fuente constante de angustia en lugar de ser un refugio seguro.
Los mitos del amor romántico nos han hecho mucho daño a todos. Históricamente, a las mujeres se les ha enseñado a priorizar los cuidados, a ceder y a entender el amor como sacrificio. A los hombres, en cambio, a menudo se les ha empujado a evitar la vulnerabilidad emocional o, en ocasiones, a confundir la protección con el control. El resultado es que construimos relaciones desequilibradas donde nos perdemos a nosotros mismos.