En el fondo, la ansiedad intenta prepararte para algo que percibe como un peligro. El problema es cuando esa alarma suena tan a menudo que no te deja descansar. Te saca del presente y te lleva a imaginar todo lo que podría salir mal, preparándote para cosas que casi nunca llegan a pasar.
Sentir que tu mente va a mil por hora o que tu cuerpo está tenso agota muchísimo, pero no significa que estés perdiendo el control. Simplemente, tu cuerpo te está pidiendo ayuda para volver a la calma.
Muchas veces, esto ocurre por todo lo que sostienes a diario: el peso de cuidar a los demás, la presión por llegar a todo, o el miedo a no cumplir con lo que se espera de ti. Y algo importante: cuanto más intentas ignorar la ansiedad o empujarla hacia abajo, más fuerte se hace. Por eso, no la tratamos como un enemigo, sino como un aviso de que estás soportando demasiado peso. Y eso tiene solución.